jueves, 14 de abril de 2011

Sin palabras. No hacen falta.


Llegaste sin avisar, así que me di cuenta de que ni los teléfonos, ni las notas, ni los mensajes existían para ti.
Entraste sin llamar, así que me pude dar cuenta de que los timbres no te importaban.
Te quedaste conmigo sin preguntar, así que pude notar que odias las preguntas sin sentido.
Me abrazaste sin pedirme permiso, y gracias a eso aprecié que sabes leer mi mirada.
Y con una sonrisa me besaste, y entonces ya entendí que cuando quieres algo, vas a por ello sin importar lo de alrededor.

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