Nos quedan tantas cosas por hacer...
Nunca me sacaste a bailar o me dedicaste una canción. Nunca me sorprendiste tapándome los ojos, ni me dijiste lo hermosa que estaba cada noche... aunque no estuvieras conmigo.
Nunca imaginaste un futuro a mi lado, yo mientras tanto imaginaba historias de cuento y el futuro más bonito que se pueda tener... contigo.
Nunca me dijiste te quiero mirándome a los ojos como en las pelis. Tampoco hiciste un esfuerzo por entender todas las incoherencias que esperaba que al menos tú entendieras.
Nunca tuvimos gestos, ni letras, ni mensajes secretos. Nunca pudiste mirarme mientras dormía, ni despertarme cada mañana con un beso de buenos días. No pudiste.
Nunca fuimos a caminar por la playa mientras atardecía, ni te sentaste a mi lado a mirar como el sol iba desapareciendo.
Estos son los detalles de los que nunca me había dado cuenta, hasta que me paré a pensar mientras te odiaba un poco más por haberte ido de mi lado.
Quizás fue mi culpa, quizás yo fui la culpable. No te pude retener. No puede mantenerte a mi lado ni siquiera diciéndote, suplicándote que te quedaras.
Sin embargo, todo lo que me diste, todo lo me has dado, todo lo que me das, supera con creces cada ridículo detalle de este mundo.
Tú y todo lo que va contigo. Tú eres más que cualquier cosa que yo pudiera pedirle al cielo.
Eres lo más grande que he tenido y tendré, eres lo único por lo que daría todo lo que tengo y lo que soy. Y eres el único que ha sido capaz de convencerme de que eso de los kilómetros y la distancia no son más que leyendas urbanas. Nosotros podemos más.
Por encima de todo no olvides lo que te he amado y te amo. No olvides como brillan mis ojos al mirarte, no olvides como son mis labios ni el tacto de mis manos. No olvides mi perfume ni el color de mi pelo. Pero sobre todo, no olvides que pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, seré tuya siempre, incluso antes de que tu mente pueda pensar en mí. Incluso antes de que tu voz pueda pronunciar mi nombre. Siempre.
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